La selección española se proclamó campeona del mundo tras vencer 1-0 a Argentina en la prórroga. La derrota desató violentos disturbios en Buenos Aires y otras ciudades, con enfrentamientos entre hinchas enfurecidos y la policía. Mientras España celebra su segundo título mundial, Argentina lidia con la furia de sus aficionados.
Buenos Aires, 20 de julio de 2026. La alegría española contrasta con el caos argentino. La selección española se proclamó campeona del mundo por segunda vez en su historia tras vencer 1-0 a Argentina en la prórroga de la final del Mundial 2026, disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
Pero lo que debería ser una fiesta del fútbol se ha visto empañada por los violentos disturbios que estallaron en Argentina, donde miles de aficionados, furiosos por la derrota, salieron a las calles a destrozar todo lo que encontraron a su paso.
El partido fue igualado, pero España demostró su superioridad táctica y física. El héroe fue Ferran Torres, que anotó el gol decisivo en el tiempo extra, aprovechando un pase de Rodri, quien fue elegido el mejor jugador del torneo.
Argentina, que aspiraba a revalidar el título conseguido en 2022 y lograr su cuarta estrella, se encontró con una defensa española infranqueable y un Unai Simón inspirado bajo los palos.
La derrota fue demasiado para los hinchas argentinos. Al término del encuentro, miles de personas se concentraron en el Obelisco de Buenos Aires y otros puntos del país. Lo que empezó como una manifestación pacífica de descontento terminó en batalla campal. Quemaron contenedores, rompieron escaparates, volcaron coches y se enfrentaron a la policía, que respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua.
Las imágenes dieron la vuelta al mundo: coches patrulla ardiendo, jóvenes encapuchados lanzando piedras, y la policía cargando sin piedad. Las autoridades confirmaron al menos cuatro detenidos, aunque se teme que la cifra aumente. El caos se extendió a otras ciudades como Córdoba y Rosario.
Mientras tanto, en España, la celebración fue multitudinaria. En Madrid, Barcelona, Sevilla y otras capitales, los españoles salieron a la calle a festejar el título, con banderas rojigualdas y cánticos de "¡Campeones!".
La selección, liderada por Luis de la Fuente, ha devuelto la ilusión a un país que ya saboreó el éxito en 2010. Aquella vez, en Sudáfrica, España ganó su primer Mundial con el gol de Iniesta. Ahora, 16 años después, repite la hazaña.
Argentina, en cambio, tendrá que digerir una de las derrotas más dolorosas de su historia. Habían llegado como favoritos tras ganar la Copa América 2024 y el Mundial de 2022. Pero el fútbol les ha dado una lección de humildad. Lionel Messi, que probablemente jugó su último Mundial, no pudo contener las lágrimas al término del partido. Su imagen llorando, junto a la de Scaloni derrumbándose en la rueda de prensa, reflejan la decepción de todo un país.
Sin embargo, la reacción violenta de los aficionados argentinos ha sido condenada por la comunidad internacional. No hay excusa para la violencia, por muy dura que sea una derrota. España celebró con deportividad, mientras Argentina arde. Las autoridades argentinas ya trabajan para restablecer el orden, y la Asociación del Fútbol Argentino aún no se ha pronunciado sobre los disturbios.
Este Mundial deja claro que el fútbol es pasión, pero también que hay que saber perder. España, con su segundo título, se consolida como una de las grandes potencias del fútbol mundial. Argentina tendrá que esperar, al menos cuatro años más, para intentar vengarse. Por ahora, el caos reina en Buenos Aires.