Crónica sobre la hazaña histórica de Lucas Pinheiro Braathen al ganar el eslalón gigante en Milán-Cortina 2026, convirtiéndose en la primera medalla de oro para Brasil y para Latinoamérica en unos Juegos Olímpicos de Invierno, con contexto histórico del esquí en la región.
Un hito histórico para Brasil y para América Latina se dio este sábado en Milán-Cortina 2026 cuando Lucas Pinheiro Braathen se llevó la medalla de oro en el eslalón gigante, marcando la primera presea de oro para la región en unos Juegos Olímpicos de Invierno y subrayando el crecimiento del esquí alpino fuera de los escenarios tradicionales.
Braathen, de 25 años, nacido en Oslo y que desde 2024 representa a Brasil por sus lazos familiares, llevó a cabo una actuación que combinó frialdad estratégica y potencia física, y que se recordará como un antes y un después para el deporte en su país y en la región.
En la mítica pista Stelvio de Bormio, el astro emergente dominó desde el inicio. Fue el primer corredor en salir entre los 81 competidores y firmó un crono de apertura que lo colocó al frente de la clasificación. En esa primera manga, el favorito Marco Odermatt logró terminar a 95 centésimas de Braathen, mientras que el suizo Loïc Meillard quedó a 1.57 segundos. De manera destacada, el argentino Tiziano Gravier terminó la primera manga en 27.º lugar con un tiempo de 1:18.45, dejando constancia de la exigencia de la prueba y de la alta competitividad que caracteriza a este deporte en el mundo.
Ya en la segunda pasada, Braathen mantuvo la calma y gestionó con precisión su ventaja. Su crono de la segunda manga fue suficiente para sostener el liderato y sellar un tiempo total de 2:30.30, quedando en lo más alto del podio. Gravier, por su parte, completó el recorrido y finalizó 26.º en la tabla general, también con un registro final de 2:30.30 gracias a su segundo tramo de 1:11.85. Este desenlace consolidó a Braathen como la gran sorpresa y el nombre top de la jornada.
Brasil, que debutó en unos Juegos Olímpicos de Invierno en Albertville 1992, tenía históricamente como mejor resultado a Isabel Clark (9.ª) en snowboard-cross en Turín 2006. En el ámbito regional, la referencia más destacada se remontaba a la década de 1920, con las pruebas de bobsleigh en St. Moritz, y a Nagano 1998, cuando el chileno Thomas Grob terminó 11.º en la combinada. Sin embargo, el oro de Braathen representa un salto cualitativo que supera con creces esos hitos previos, y que invita a miradas de esperanza hacia un esquí alpino latinoamericano cada vez más competitivo.
La trayectoria de Braathen ha estado siempre rodeada de notoriedad fuera de la pista: es considerado una de las personalidades más conocidas del circuito, combinando su carrera deportiva con trabajos de modelaje y publicidad.
En la temporada 2022-2023, fue campeón del globo de eslalón en la Copa del Mundo, en lo que fue su última campaña defendiendo a Noruega antes de migrar a Brasil por razones vinculadas a derechos de imagen y oportunidades de competencia.
El triunfo de este sábado llega además como una revancha personal tras una experiencia olímpica adversa en Pekín 2022, cuando no logró terminar ni en el eslalón gigante ni en el eslalón.
Con este oro, Braathen podría abrir nuevas vías para el esquí alpino en Brasil y en la región, donde la presencia de atletas que compiten al más alto nivel ya empieza a ser una realidad más visible.
En Milán-Cortina, el eslalón seguirá siendo el escenario de revalidación para el nuevo referente brasileño, y la expectativa es que su rendimiento inspire a nuevas generaciones a perseguir metas históricas.
La gesta de Braathen llega en un contexto de crecimiento para el esquí en América Latina, con signos alentadores de desarrollo y mayor interés mediático.
El lunes próximo, el eslalón podría volver a ser protagonista si Braathen logra ratificar su estatus entre los mejores, consolidando así un capítulo histórico para el deporte de la región en el siglo XXI.
Fuente: cobertura oficial de Milán-Cortina 2026 y repercusión regional