La leyenda del esquí Lindsey Vonn se desplomó en la pista Tofana durante el descenso olímpico en Milán-Cortina 2026, y su presencia en los Juegos quedó en suspenso tras una caída que dejó al descubierto años de esfuerzo y superación.

En Milán-Cortina d'Ampezzo, los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 vivían una jornada marcada por la figura de Lindsey Vonn, la leyenda del esquí que a los 41 años buscaba ampliar su legado en un deporte que le ha brindado todo.

Tras una carrera de élite que acumula 84 victorias en la Copa del Mundo y un oro olímpico en Vancouver 2010, Vonn decidió regresar a la competición cinco temporadas después de anunciar su retirada, a pesar de haber recibido una profunda reconstrucción de su cuerpo, con una rodilla de titanio que le acompaña y con problemas en la otra pierna.

La jornada había mostrado una Vonn sorprendente en los entrenamientos, cuando lideró la prueba junto a Breezy Johnson y Emma Aicher, en un formato de ensayo que anunciaba la posibilidad de volver a lo más alto en esta cita olímpica.

En ese momento, la estadounidense parecía preparada para escribir un nuevo capítulo de su historia, a pocos centésimos de sus rivales.

Pero el sueño se despidió en la mitad del recorrido. Vonn sufrió una caída aparatosa tras un salto en la parte alta de la pista Tofana, al enganchar involuntariamente su bastón con una de las banderas.

La caída fue tan severa que necesitó atención médica y fue evacuada en helicóptero desde la pista, mientras la carrera quedaba en pausa y el público miraba con sorpresa y preocupación.

En el momento de la caída, la líder de la prueba era Breezy Johnson, seguida a muy poca distancia por Emma Aicher, y la imagen de Vonn tendida en la nieve se convirtió en el centro de atención.

Este año ya se había dejado ver en Crans-Montana (Suiza), donde se produjo una caída que le provocó una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y daño en el menisco; a pesar de ello, anunció a finales de la semana pasada su intención de competir en Milán-Cortina, un retorno que muchos consideraron heroico y temerario a la vez.

La caída de este domingo terminó de cerrar un capítulo doloroso: la participación de Vonn en estos Juegos Olímpicos quedaba suspendida.

Más allá de esta historia de caída y de riesgo, la trayectoria de Lindsey Vonn es un libro de récords. Con 84 victorias en la Copa del Mundo, 45 de ellas en descenso, y once medallas en grandes eventos, entre ellas un oro olímpico en Vancouver 2010 y dos oros mundiales, su carrera ha trascendido el deporte para convertirse en una referencia de perseverancia.

En 2019 recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, un reconocimiento que subraya su impacto más allá de las pistas. Su regreso a la competición, ahora en la cima de los 40, fue visto por muchos como una última hazaña; su caída, sin embargo, dejó claro que la historia de Vonn está aún marcada por su capacidad para desafiar los límites.

Aunque este domingo terminó con lágrimas y dolor, la figura de Lindsey Vonn ya forma parte de la historia del esquí europeo y mundial, y su nombre seguirá asociado a un momento de valentía y de renacimiento deportivo.

Este episodio, más que un desenlace, abre la puerta a una reflexión sobre el tiempo, la superación y los límites humanos en el deporte de alto rendimiento.