Un final de partido caliente en Belo Horizonte: Paredes busca a Pereira, Bareiro es expulsado, y el arbitraje de Ostojich recibe críticas. Repasamos lo ocurrido con contexto y detalles.
El cierre del choque de la tercera fecha de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y Cruzeiro fue más que intenso: empujones, carreras y un cruce de gestos que dejó a todos con la sensación de que el juego se había llevado por delante al fútbol limpio.
Todo empezó cuando Leandro Paredes, capitán de Boca, salió de inmediato a buscar a Matheus Pereira, el brasileño que celebraba con un par de gestos que, en ese momento, parecían un golpe directo de orgullo.
A partir de ahí, el ambiente se desató: detrás del capitán xeneize se sumaron otros jugadores de Boca, mientras que algunos de Cruzeiro trataban de contener a la tropa que venía enfurecida.
En cuestión de minutos, el césped se convirtió en una escena de tensión: empujones, roces y un intercambio de golpes que obligó a intervenir a los dirigentes y a los colaboradores de ambos clubes para que la cosa no pasara a mayores.
La acción se intensificó ante una serie de roces en Belo Horizonte que mostraron lo que suele ocurrir cuando se cruzan dos equipos con tanta historia reciente en la Libertadores.
Muchos de los involucrados quedaron cara a cara en diferentes sectores del campo, con las miradas clavadas y las respiraciones aceleradas. En medio de ese murmullo, apareció la realización de que el final del partido traería consecuencias para ambos lados. Los colaboradores locales se convirtieron en una especie de barrera mientras las bancadas aguardaban el desenlace, y el ambiente se volvió casi irrespirable para el árbitro y sus auxiliares.
Entre los momentos más comentados estuvo la roja que recibió Adam Bareiro por doble amonestación cerca del cierre de la primera mitad. La decisión fue objeto de debate: desde Boca se sostuvo que la segunda falta no justificaba la segunda tarjeta, mientras que la puesta en escena de Bareiro, con protestas visiblemente prolongadas, terminó por pesarle a su equipo.
A esa acción se sumó la amonestación de Leandro Paredes, ya de por sí cargado de tarjetas en el semestre, lo que dejó a Boca con la posibilidad de perder al menos dos encuentros de la fase de grupos.
El árbitro uruguayo Esteban Ostojich estuvo en el centro de la polémica: la sensación general fue que estuvo excesivamente protagonista y que algunas decisiones condicionaron el desarrollo del encuentro.
Apenas terminó el partido, Boca volvió a la carga contra Pereira. Entre los más encendidos estuvieron Ayrton Costa, Lautaro Blanco y el guardameta Leandro Brey, además de Marcelo Weigandt, quien, según testigos, terminó por empujar a un oficial de seguridad local en un instante de gran tensión.
La escena fue aislada y los auxiliares pudieron separar a las partes, pero el sabor de la discusión quedó en el ambiente.
Tras la desconexión inicial, Claudio Úbeda, el técnico de Boca, explicó en la conferencia de prensa que la reacción era entendible tras una derrota y que la actuación arbitral había condicionado el desarrollo del partido.
“La expulsión no debería haber cambiado tanto el escenario de juego; el árbitro tuvo un protagonismo excesivo y eso alteró nuestro plan”, declaró, dejando claro que buscaba no convertir la derrota en excusa para un análisis más amplio.
Por su parte, Leandro Paredes agregó que las jugadas de Bareiro no merecieron la segunda amarilla y que, desde el minuto cero, el árbitro mostró un trato que influyó en el desarrollo del encuentro.
El choque dejó, además, una sensación de que Boca y Cruzeiro volverán a cruzarse en un terreno en el que la historia de la Libertadores ha escrito capítulos intensos: dos clubes con pasados gloriosos en el torneo, que en distintos momentos de la historia han sido protagonistas de noches memorables.
La Libertadores, creada en 1960, ha sido escenario de encuentros icónicos entre brasileños y argentinos, y este encuentro de Belo Horizonte se suma a esa historia de rivalidad que, más allá de los resultados, alimenta la memoria de los aficionados.
Con tres encuentros por jugar en la fase de grupos, Boca tiene por delante la tarea de recomponer el plan de juego sin perder el equilibrio disciplinario, mientras Cruzeiro buscará consolidar sumente la nota de una victoria que ya quedó marcada en el campo.
En lo inmediato, la sensación es de que queda mucho camino por recorrer y que, en el fútbol sudamericano, los derbis y enfrentamientos entre estos dos gigantes rara vez terminan sin una dosis de drama.