El Barcelona vence 2-1 al Atlético en el Metropolitano, pero la eliminatoria queda 3-2 a favor de los rojiblancos, que acceden a las semifinales de la Champions. Un choque cargado de emoción, expulsión y polémicas del VAR.
En el Metropolitano se vivió un duelo de eliminación directa que obligaba a los dos equipos a dejarlo todo, porque la eliminatoria tenía premio doble: avanzar a las semifinales y dejar atrás un cruce que siempre genera tensión en Madrid y Barcelona.
El Barça salió enchufado y, justo cuando el reloj marcaba el minuto 4, apareció Lamine Yamal para enseñar el tipo de jugador que puede decidir una serie: un desborde y un derechazo raso que rompió la igualdad inicial y puso por delante a los blaugranas.
El gol precoz añadió velocidad al partido y obligó a un Atlético que no quería quedarse fuera de combate tan pronto.
Con la eliminatoria en juego, el conjunto de Xavi siguió buscando la sentencia y, en el minuto 24, Ferrán Torres amplió la ventaja con un 0-2 que parecía desempatar la balanza.
A partir de ahí, el choque se convirtió en una auténtica montaña rusa de emociones: el Atlético recibió el golpe pero se rehízo rápido. En el minuto 31, Lookman recortó distancias con un cabezazo bien colocado tras un centro peligroso, y el registro del encuentro se volvió de ida y vuelta: la tensión crecía y el aficionado sabía que cualquier detalle podría decantar la eliminatoria en una u otra dirección.
En la segunda mitad, la polémica llegó de la mano del VAR y de una jugada clave: en el minuto 55, Ferrán tuvo un remate que fue dejaría el 0-3 y, más tarde, fue anulado por fuera de juego.
Pero el tema que marcó el ritmo fueron las acciones que siguieron a una falta de Eric García sobre Sorloth en una llegada del Atlético hacia el área barcelonista.
El árbitro decidió la expulsión del central del Barça en el minuto 77, una jugada que modificó por completo el plan del Barcelona para los minutos finales y que dejó al equipo visitante con diez hombres para intentar sostener la diferencia.
A partir de ese momento, el Atlético empujó con todo en busca del tercero que encendiera todavía más la esperanza, pero la defensa azulgrana, liderada por un Joan García que respondió cuando fue requerido, sostuvo el resultado.
En lo que parecía una historia de ida y vuelta, el partido dejó una secuencia que quedará en la memoria: una posible estocada de Fermín López tras un centro desde la banda derecha que parecía presentarse como el tercero del Barça.
Lástima que el balón no encontró el camino exacto y quedó en una jugada que provocó el jaleo de los presentes y las dudas sobre si sería gol o no.
Entre el ruido de la grada y la pantalla del VAR, emergió la confesión de Juan Musso, el portero de Atlético que se convirtió en una de las grandes figuras del encuentro.
Tras una intervención prodigiosa en la que evitó el gol de Fermín López, el argentino dejó claro en un mensaje directo: “¿Pero cómo va a ser penal? De ninguna manera, yo hago el movimiento natural para cubrir el arco y él para agacharse e ir a cabecear se lleva puesto mi pie.
No entiendo cómo pueden pensar que le pueda pegar intencionalmente”. Sus palabras describen la frustración de la defensa atlética ante las decisiones que rodearon la jugada.
La sentenció del partido llegó a falta de minutos para el cierre: el Barcelona, con diez y ya sin poder cambiar la historia, no pudo generar el definitivo empuje que requería para darle la vuelta a la eliminatoria.
Al final, la última crónica del encuentro dejó claro que la eliminatoria terminó 3-2 a favor del Atlético de Madrid, que se coloca entre los cuatro mejores de Europa.
Si miramos más allá de este choque, cabe recordar que Barcelona y Atlético han protagonizado duelos de alto voltaje en Champions durante la última década: encuentros de cuartos, semifinales y finales que han quedado grabados en la memoria de los aficionados por su intensidad, cambios de ritmo y polémicas.
Este cruce, además, refuerza la idea de que la Champions siempre ofrece giros impredecibles y que, incluso cuando un equipo parece llevar las riendas en una ciudad, la eliminatoria puede torcerse en la ida o en la vuelta gracias a detalles mínimos, como un gol aislado, una expulsión o una intervención salvadora de un portero.