El club X enfrenta incertidumbre en el cuerpo técnico tras la controversia por el rendimiento y los rumores de cambios, mientras Riquelme define el rumbo y el club evalúa candidatos.
El cerco sobre Boca Juniors se estrecha a medida que avanzan los días sin que aparezca una solución convincente para la cabeza técnica del equipo. Todo empezó cuando Juan Román Riquelme, en calidad de gobernante en la estructura deportiva del club, tomó una serie de decisiones encaminadas a redefinir el proyecto deportivo tras la salida reciente de Claudio Úbeda.
La última actuación del equipo ante Platense dejó a la vista una acumulación de desajustes que erosionan la confianza en el Sifón, apodo que acompaña al entrenador desde hace años.
En la Bombonera, donde cada derrota se mide con la presión de la historia, el choque de este fin de semana contra Racing adquiere proporciones de prueba decisiva para el presente y el futuro inmediato de Boca.
Si bien el contrato de Úbeda se mantiene vigente por ahora, la institución no ha dejado claro si habrá un curso de continuidad. La dirección ha dejado entrever que el proyecto necesita respuestas más contundentes, sobre todo tras un tramo reciente de resultados que no cumplió las expectativas de la afición.
Con la salida intempestiva del último mano a mano en la fase de playoffs, la figura del técnico quedó debilitada, y la reacción de la afición durante las últimas jornadas ha pintado un escenario de dudas: ¿seguirá al frente del equipo el entrenador o se buscará un giro de timón?
El propio Román, en su doble rol de presidente y decisor final en materia deportiva, ha sido el actor principal en las conversaciones sobre el futuro.
Sus gestos y su influencia han quedado en evidencia cuando, en las horas previas, se analizó la posibilidad de cambios de nombre y de proyecto para evitar que Boca quede atrapado en una racha sin título.
En paralelo, el plantel mira con atención cada movimiento en la oficina del club, sabiendo que el liderazgo dentro y fuera del campo tendrá un impacto directo en el rendimiento.
Entre los posibles nombres que circulan, hay quienes ya conocen el marco azul y oro. Ruben Darío Insúa, exentrenador de Barracas Central, fue entrevistado y dejó escapar una lectura prudente sobre la situación: nadie quiere perder una oportunidad de dirigir a Boca, pero también es consciente de las exigencias y la presión mediática.
Cristian González, conocido como Kily González, reaparece cada vez que se habla de cambios, portando la experiencia de haber defendido al club y, en su paso por diferentes escuadras, demostrar capacidad para encauzar procesos.
Néstor Lorenzo, técnico colombiano con un pasado corto en Boca, figura entre las opciones de un grupo de directivos que evalúan perfiles que miran a una reconstrucción sostenida.
Antonio Mohamed, el Turco que lidera Toluca y que ha sido objeto de conjeturas desde hace años para el conjunto azul y oro, vuelve a los radares de quien toma decisiones en la institución.
Más allá de estos nombres, no faltan voces que recuerdan la historia reciente del club, las lecciones de la década anterior y el estatuto de un proyecto que no quiere repetir errores del pasado.
En 2001, bajo la conducción de Reinaldo Merlo, conocido como Mostaza, Boca rompió una larga sequía de títulos locales que duró 35 campañas. Ese antecedente persiste en la memoria de la afición como señal de que, cuando el clima se pone tenso, el club puede recurrir a figuras que entienden el pulso del hincha y la exigencia de la camiseta.
A la distancia, otros equipos del continente observan con interés la situación de Boca y la posibilidad de que el proceso cambie de rumbo antes de que se agote el calendario deportivo.
El día de hoy, la dirección técnica está en el centro de la conversación, porque el club necesita definir si continúa con Úbeda o si prepara una transición que permita a un nuevo DT implementar su estilo sin perder el hilo de una institución que se siente obligada a competir por cada título.
En ese marco, y con la mirada puesta en el compromiso de la afición, se han analizado distintas variables: rendimiento inmediato, permanencia de jugadores clave, y la capacidad de recuperar el aire de un proyecto que, durante la última temporada, mostró grietas.
Las decisiones no son sencillas, y cada movimiento será interpretado por la gente como una señal del futuro de Boca.
Nota: la versión original no reporta montos de transferencias o salarios para convertir a euros, por lo que no se incluyen cifras monetarias en este texto.