Un grupo de aficionados de Belgrano que residen en Barcelona viaja a Córdoba para apoyar al equipo en la final frente a River. Este reportaje detalla cómo funciona la filial en el extranjero, su logística para viajar y la motivación que les hace cruzar continentes, con recuerdos que se remontan a la Promoción de 2011.
Entre las historias que se esconden tras una final, la del Belgrano de Córdoba contra River Plate en el Torneo Apertura destaca por su alcance internacional: un grupo de aficionados de la filial Piratas en Barcelona viaja desde España para presenciar el partido más histórico para el Pirata en la máxima categoría del fútbol argentino.
Germán Ferrero, 35 años, camina por la avenida Artura Orgaz, una de las calles que bordean el estadio Julio César Villagra, con una bandera que sirve como emblema para conversar a pie de calle.
Ferrero vive en Barcelona desde hace seis años y mantiene vivo su vínculo con Belgrano. Ha dejado claro que el viaje es un reto logístico y económico, pero que la recompensa emocional compensa el esfuerzo: llega a Córdoba tras un viaje agotador y sabe que la noche podría traer descanso, pero primero toca apoyar al equipo.
La historia del grupo no es casualidad. La filial Piratas en Barcelona, reconocida por el club, ha ido creciendo desde que Belgrano ascendió a Primera en 2022. Hoy, según cuentan, son unos 180 aficionados los que forman esa comunidad fuera de Argentina. Aunque la mayoría está en Barcelona, el vínculo con Belgrano se mantiene intacto y eso facilita, entre otras cosas, la gestión de entradas para la final: la dirección del club les concede un porcentaje del padrón para la compra, no entradas gratuitas, para que quienes pueden viajar tengan su oportunidad.
En total, catorce horas de viaje y un importante desembolso económico, además de una logística que exige coordinación entre trabajo y compromisos personales para estar presentes.
De los que podían viajar, nueve lograron montarse en avión para estar en Córdoba en el día clave.
¿Y qué les impulsa a hacer este esfuerzo? Más allá de la pasión, hay identidad. Hablan de Belgrano como una familia; la Comisión, el cuerpo técnico, los jugadores y la afición forman una unidad que trasmite una sensación de pertenencia.
El grupo valora especialmente la conexión con figuras que han sacudido la historia reciente del club, como Licha López, Zelarrayán u Olave, cuyo ejemplo alimenta la confianza en un posible triunfo.
El viaje también tiene un matiz histórico para ellos. Germán Ferrero recuerda la Promoción de 2011 frente a River en el Monumental, un día que dejó huella en muchos de los que hoy forman la base de los hinchas en el exterior.
A los ojos de estos aficionados, aquel ascenso es un hito: Belgrano ascendió, no River descendió. Esa visión forma parte del folklore que circula entre quienes hablan de Boca y River como el eje del fútbol argentino, pero para ellos el énfasis está en la historia de Belgrano y la felicidad de haber llegado hasta aquí, con la esperanza de que la final de este domingo pueda ampliar ese legado.
La ilusión de la hinchada de Barcelona es total. El grupo valora que Belgrano funcione como una familia: la gestión, el cuerpo técnico, los jugadores y la afición comparten una identidad sólida. Entre los referentes del club, aparecen nombres propios como el Chino Zelarrayán o el Ruso Zielinski, figuras que ya gozan de un estatus de ídolo para la parroquia visitante.
La expectativa es clara: si se consigue la victoria, esa unión ganará todavía mayor relevancia y quizá se convierta en una nueva página de la historia del club.
En definitiva, este viaje de la filial Piratas en Barcelona demuestra que el fútbol es capaz de traspasar fronteras cuando la devoción por un club se mantiene intacta.
El partido de este domingo no solo decidirá un título, sino que también confirmará que la pasión por Belgrano trasciende kilómetros y se alimenta de recuerdos, identidad y el deseo de escribir juntos una nueva historia.