Belgrano, campeón por primera vez en la máxima categoría, celebra un título histórico gracias al impacto de Nicolás 'Uvita' Fernández y a una final de película frente a River.
Belgrano dio la vuelta al fútbol argentino: se coronó campeón del Apertura 2026, una gesta que tiene sabor a historia para Córdoba y para el propio club, que logró lo imposible en una temporada marcada por un formato discutido que no permitía distracciones en los momentos decisivos.
Este Belgrano no es un equipo cualquiera: es el de Lucas Zelarayán, ese delantero que siempre está dispuesto a pedir la pelota cuando la situación aprieta; es el equipo de Santiago Longo, que asumió el mando para armar un mediocampo más rocoso tras la salida del Mudo Vázquez; es el equipo de Leo Morales, que aguantó la ausencia de Licha López y siguió empujando; y es, sobre todo, el equipo de Nicolás Fernández, apodado Uvita, el hombre que escribió la película de este torneo con su serio golpe de efecto.
Uvita no fue de los que empezaron como titulares habituales: disputó 12 de los 20 encuentros de la fase regular y, en otros siete, ingresó desde el banco.
Ni siquiera sumó minutos en el clásico de los octavos de final ante Talleres. Sin embargo, cuando le tocó entrar, demostró que a veces el fútbol premia a quien está listo para aprovechar las oportunidades. Fue determinante en las semifinales ante Argentinos, cuando logró un empate agónico que obligó al alargue y a la tanda de penales.
Ya en Córdoba, en el estadio Mario Kempes, el desenlace fue distinto: River parecía tener el golpe hecho. Passerini, amonestado, tuvo que abandonar la cancha por una molestia en el gemelo derecho y abrió la puerta para que Uvita entrara. A los 31 minutos de la segunda mitad, el delantero saltó al terreno con la misión de cambiarlo todo. Dos goles en apenas tres minutos encendieron la esperanza del Pirata y apagaron las dudas. El 2-2 se convirtió en 3-2, y la remontada encontró su punto final cuando Fernández, con la zurda, conectó un centro de Vázquez para superar a Beltrán y dejar el marcador en favor de Belgrano.
La celebración fue contenida pero intensa. El equipo mostró esa mezcla de hambre y calma que solo se ve cuando un grupo ha trabajado a conciencia y entiende que cada segundo importa. En el tramo final, River, que dejó en cancha a sus juveniles, intentó reagruparse, pero Belgrano mantuvo la ventaja y la concentración hasta el pitido final.
Tras el partido, Fernández habló con la tranquilidad de quien sabe que el trabajo bien hecho obtiene su recompensa: “Se me criticó durante algún tiempo.
Pero el tiempo da la razón. Ya pagué. Disfrútenlo”. Sus palabras resumieron un camino de dudas que se convirtió en una celebración para todo un club y su afición.
Este título no solo corona una campaña memorable; abre un nuevo capítulo en la historia de Belgrano. A sus 30 años, Fernández alcanza su primer campeonato de alta trascendencia y, con la mirada puesta en 2027, sueña con la Copa Libertadores. El equipo y su gente ya hablan de Libertadores como un objetivo real, no como una promesa lejana. En resumen, Belgrano no solo ganó un partido, ganó un lugar en el libro de los momentos históricos del fútbol argentino.