Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia se corona campeón de la Liga Nacional de Básquetbol al vencer 68-56 a Quimsa y cerrar la serie 4-2, 20 años después de su primer título.
Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia se proclamó campeón de la Liga Nacional de Básquetbol tras derrotar 68-56 a Quimsa en el estadio Socios Fundadores y cerrar la final 4-2 a su favor.
Un título que llega 20 años después del primer lazo de gloria del club y que coloca al Verde en un punto alto de la historia del baloncesto argentino.
La noche empezó áspera para el local. Gimnasia salió con imprecisiones y encadenó un tramo inicial negativo: falló sus primeros siete lanzamientos de campo. Pero la paciencia y la constancia le dieron un respiro a los 4 minutos y 40 segundos gracias a un doble de Anyelo Cisneros que encendió el ánimo y dio inicio a una remontada que terminó por darle peso a su juego.
Con ese empujón, el conjunto chubutense cerró el primer parcial con una ventaja clara de 18-10, aprovechando la inercia de un Sebastián Carrasco que, desde la banca, encendió la mecha de la anotación.
En el segundo cuarto, Quimsa mostró otra cara: ganó fluidez en ataque y, poco a poco, fue neutralizando la desventaja. Un triple de Matías Solanas sirvió para empatar el partido en 25 y un canasto de Tyren Johnson le dio la delantera a los santiagueños. El choque fue intenso, el ritmo alto y la paridad dejó entrever que la final podría tener un cierre ajustado. Pero Gimnasia apretó los últimos minutos y, con un parcial de 7-0 que remató Martiniano Dato con un tiro de tres, se fue al descanso con ventaja de 38-31.
El tercer cuarto comenzó con Brandon Robinson anotando para Quimsa, y el partido mantuvo ese tono de lucha física. Sin embargo, Gimnasia encontró la manera de mantenerse al frente, soportado en la defensa del ecuatoriano Bryan Carabalí, que se convirtió en la voz de mando en defensa y en un muro para el rival.
El estadio vibró cuando la defensa logró frenar cualquier intento de reacción del rival y el marcador se mantuvo favorable a los locales, que cerraron ese periodo con una renta de 51-43.
Ya en el tramo decisivo, Quimsa se acercó a 59-56 a falta de tres minutos para el final, gracias a un esfuerzo de Robinson que no pasó desapercibido.
Pero ahí se mostró la madurez de Gimnasia: dos pérdidas cruciales del conjunto de Lucas Victoriano, combinadas con la frialdad en los minutos decisivos de los jugadores locales, decantaron la balanza a favor del anfitrión y desencadenaron la celebración en el Socios Fundadores.
Sebastián Carrasco fue otro de los grandes protagonistas de la noche. Con 19 puntos, fue el máximo anotador del encuentro y fue reconocido como el Jugador Más Valioso de la serie, un premio que, por lo demás, refleja su crecimiento y el peso que ha ganado en el equipo a lo largo de la temporada.
En palabras del propio Carrasco, “esto es una locura. No lo esperaba; vine a ver qué pasaba y, de golpe, nos llevamos el título. Ha sido fruto de mucho esfuerzo y sacrificio”.
El chileno, que fue titular en varios momentos y aportó en puntos y en defensa, recibió el respaldo de Emiliano Toretta, quien también dejó claro que el grupo creció a lo largo de la campaña y que la final mostró que este Gimnasia no era un milagro de un juego aislado, sino el resultado de un trabajo sostenido.
Este triunfo, además, significa el segundo título de la historia de Gimnasia en 37 temporadas de Liga. El primero data de la 2005/06, cuando el equipo, dirigido entonces por Fernando Duró, derrotó 4-2 a Libertad de Sunchales y contó con figuras destacadas como Gabriel Cocha y Pablo Moldú.
En esta ocasión, el equipo de Comodoro Rivadavia logró convertir ese pasado en un presente brillante y dejar una marca duradera en la memoria de sus aficionados.
Con este campeonato, Gimnasia cierra una temporada que lo llevó a la final tras un gran desempeño en la fase regular y victorias frente a Independiente de Oliva y Ferro en los playoffs.
Es el reencuentro con la gloria para un club que, a lo largo de estas décadas, ha sabido construir una identidad basada en el esfuerzo, la disciplina y la capacidad de pelear cada partido hasta el último suspiro.