Relato sobre Santino Pairetti, nieto del legendario piloto Carlos Pairetti, que pasa de la simulación durante la pandemia a competir en Turismo Pista y se prepara para dar el salto al plano nacional, con una historia de apoyo familiar y la herencia del Trueno Naranja.
Los domingos de la infancia de Santino Pairetti estaban marcados por la banda sonora de Grand Prix, una cortina que acompañó muchas transmisiones de automovilismo en Argentina.
A él, sin embargo, los autos no le interesaban tanto como el fútbol; pero hay historias que parecen escritas de antemano y la de Santino está inevitablemente ligada a una dinastía: su abuelo fue uno de los grandes del Turismo Carretera y su padre también pilotó.
Este legado, lejos de agobiarlo, terminó empujándolo a buscar su propio camino en el mundo del motor.
La chispa apareció durante la pandemia. Su hermano mayor ya competía en SimRacing a nivel internacional y lo invitó a probar. En marzo de 2020, cuando Argentina entró en aislamiento, Santino dio el salto del simulador al mundo real y descubrió que le gustaba más de lo que creía la experiencia de estar al volante.
A partir de ese momento se abrió una ventana a la historia familiar y a una pregunta que lo acompañaría: ¿podría subirse a un coche de carrera de verdad?
Con la insistencia de su padre y el apoyo de su abuelo, la decisión llegó.
En 2021 hizo sus primeros pinitos en la conducción, no en una categoría de élite, sino en la Escuela José Bianchi del autódromo Oscar y Juan Gálvez, entrando sin registro previo y con un coche de caja manual, porque en casa lo que había era transmisión manual y aprendizaje práctico.
Aquella etapa fue una especie de manual de supervivencia: aprender a frenar con técnica, entender las trayectorias y medir cada paso con la paciencia que exige empezar desde abajo.
El debut competitivo de Santino llegó en la categoría ALMA, con un Fiat Uno negro con toques naranjas. Su primera temporada terminó en sexto lugar y, en la segunda, se convirtió en subcampeón. Él recuerda que al comienzo quiso desvincularse de cualquier asociación mediática con el apellido Pairetti; pretendía demostrar que merecía estar allí por mérito propio y no por herencia familiar.
La figura de su abuelo atravesó cada conversación. Carlos Pairetti, apodado el Trueno Naranja, no solo brilló en las pistas con el definitivo color de su prototipo, sino que dejó un legado que también se convirtió en una historia de innovación en el automovilismo argentino.
Con Jorge Cupeiro creó el Club Argentino de Pilotos y llevó la transmisión en vivo de las carreras a un público que buscaba ver cada avance en tiempo real.
Todo eso Santino lo lleva en su memoria y en su coche.
A partir de 2025 se abrió un nuevo capítulo: el salto al plano nacional y la transformación simbólica de su vehículo, que pasó a lucir el naranja intenso que caracteriza a la familia, en homenaje a su abuelo.
El coche recibió el apodo El Truenito Naranja y el casco del piloto despliega el año de nacimiento de Carlos, 1935, junto a un símbolo de infinito en lugar de la fecha de fallecimiento, como una forma de recordar que la memoria de su abuelo está, de alguna manera, siempre presente cada vez que Santino pisa un autopista de asfalto.
El propio Santino admite que este camino no es sencillo. El presupuesto es una de las grandes paredes que atraviesan muchos pilotos, y él lo sabe: su debut fue fruto de esfuerzo propio, con la ayuda puntual de su padre y su abuelo, pero el coche debe sostenerse con patrocinios.
Aun así, hoy cuenta con empresas amigas que entienden la causa y que permiten que su proyecto siga avanzando. Además de la pasión, estudia Comercialización y ya está a mitad de la carrera, porque quiere combinar estudio y competición para forjar un futuro sólido.
Más allá de los logros deportivos, Santino se ve a futuro en lo más alto del deporte, incluso con la posibilidad de competir fuera del país. Sueña con seguir creciendo y, si llega la oportunidad, vivir experiencias en ligas internacionales. Pero, por encima de todo, quiere construir una carrera con el mismo tono de su abuelo: trabajar duro, aprender de cada carrera y, sobre todo, mantener vivo el vínculo con la historia familiar cada vez que el coche enciende su motor.
El legado de Carlos Pairetti no solo es un nombre en una pista, es un impulso para que Santino encuentre su propio lugar en el automovilismo argentino y, tal vez, mucho más allá.