Crónica que une el road show de Franco Colapinto en Palermo con el legado histórico del automovilismo argentino, desde el antiguo Circuito de Palermo hasta el Paseo Fangio.

En Palermo, a la altura de Figueroa Alcorta 5550, hay un cartel que señala el KM0. Ahí comenzó, casi ocho décadas atrás, la historia grande del automovilismo argentino: la recta frente al club GEBA era el escenario de los primeros intentos de Pre-Fórmula 1, con Fangio brillando y Oscar Gálvez marcando el hito de vencer a los europeos.

Este 26 de abril, a apenas 1300 metros de ese punto, se espera que medio millón de personas llenen las calles para ver el Road Show de Franco Colapinto, que conducirá un Lotus E20 de 2012 con la librea de Alpine.

La pregunta es cuántos sabrán que están parados tan cerca del antiguo Circuito de Palermo, ese trazado urbano que entre 1948 y 1950 reunió a la élite mundial de la competición.

La figura de bronce de El Quíntuple, obra del catalán Joaquim Ros Sabaté, marca el corazón del Paseo Fangio. La Legislatura porteña lo oficializó en 2011, con motivo del centenario del nacimiento del piloto. Desde esa posición, la ruta continúa hacia el Lago de Regatas y, al doblar a la izquierda para tomar Tornquist, se abre hacia el Golf Club y la Avenida de los Ombúes, un curvón ancho que invita a acordarse de la velocidad de antaño.

Allí, el 28 de enero de 1949, dos días antes del Gran Premio Juan Domingo Perón que abría la Temporada Internacional, murió el piloto francés Jean-Pierre Wimille, una tragedia que marcó el cierre de una era de riesgos y bravura en la pista.

Poco después, el circuito volvía a dar pasos hacia la gloria: el 6 de febrero de 1949 Wimille ganó en la categoría Fuerza Libre de Mecánica Nacional con un Volpi-Chevrolet, y poco después Oscar Gálvez se imponía en el Gran Premio Eva Duarte de Perón, asegurando el primer triunfo de un piloto argentino sobre los extranjeros.

En Palermo, la época de oro del automovilismo fue tan popular como el fútbol. Se hablaba de multitudes entre 100 mil y 300 mil personas en las calles, y de coches que atravesaban ese trazado con rivales de peso y máquinas que podían rozar los 200 km/h en la recta de Figueroa Alcorta.

Pero el circuito dejó de usarse por su alto grado de peligrosidad: sin barandillas, sin las normas de seguridad actuales, y con fardos de pasto delimitando el trazado, la emoción convulsionaba a la vez que exigía un coraje a prueba de vértigo.

Antes de Wimille, el 21 de marzo de 1948, Pablo Pessatti sufrió el choque fatal contra un árbol que partió su Alfa-Marino en dos al acercarse a GEBA, durante el Premio Otoño de la Fuerza Libre que ganó Fangio con el Volpi Chevrolet.

La memoria del lugar quedó en la tapa de los periódicos y en las historias de quienes lo vivieron. Palabras de las crónicas y de quienes lo recuerdan cuentan que Palermo fue la referencia de nuestro automovilismo para aquellos años de oro; los primeros ocho campeonatos del mundo de Fórmula 1 pasaron por aquí: Farina, Ascari y Fangio, entre otros.

El exponente de esa época, Fernando Barragán, miembro de la Asociación Paseo Fangio, subraya que en 2011, cuando se preparaba el aniversario 100 del nacimiento de Fangio, se contempló llamar a una calle de aquel circuito Fangio; la idea original era otra, pero la Legislatura decidió conservar la traza como Paseo Juan Manuel Fangio, manteniendo nombres de calles y marcando así la memoria sin perder el paisaje urbano.

Apenas una placa en el piso recuerda quién fue Fangio; cualquier obra en el lugar debe pasar por la aprobación de la Legislatura. La pregunta que surge es qué hizo Fangio en este circuito, y la respuesta se halla en el libro Fangio, sus 200 carreras: el 17 de enero de 1948 debutó en el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires con una Maserati 4CL, un Auto Especial que la escudería Naphtra-Course puso a disposición del ACA a cambio del transporte, premios y mecánicos.

El trazado, de 4865 metros, ofrecía un promedio de 100 km/h y record de vuelta en 111. En su debut, Fangio tuvo que abandonar por bujías deflagradas; la pista quedó entre villanos y héroes de una historia que no se apaga. En 1949, la escena fue otra: las cifras hablan de 350 mil personas en Palermo para el Gran Premio Juan Domingo Perón, y Fangio terminó cuarto con la Maserati 4CLT; Gálvez ganó el Eva Duarte de Perón y cimentó el primer triunfo argentino sobre extranjeros.

El 28 de enero de 1949, Wimille murió en un hecho que estremeció a la ciudad, y apenas once días después, la velocidad volvió a pintar sonrisas en la gente con la carrera que sería historia.

Aquel circuito se despidió con la seguridad de que su legado no se apagaría: las imágenes circulan en fotos, las historias se cuentan en Paseo Fangio, y el recuerdo de un barrio se convirtió en historia mundial.

Hoy, el road show de Colapinto quiere vincular ese pasado con el presente, traer la Fórmula 1 a Argentina por un día y recordar que el automovilismo no es solo velocidad, sino memoria, cultura y orgullo nacional.

¿Cuánta gente podrá resistirse a mirar hacia ese tramo de Figueroa Alcorta y entender que la historia no está solo en los libros, sino en cada curva y en cada pie de pista que se conserva en Palermo? Quizá esa sea la verdadera victoria de este domingo: que la historia, viva y tangible, siga acercándose a la gente a través de un piloto joven y un coche legendario.