El histórico Atenas cayó 88-77 ante Argentino de Junín y perdió la serie por la permanencia; ahora se enfrenta a un duro retorno a la Liga Argentina mientras intenta trazar un camino para volver a la elite.

El golpe de Atenas de Córdoba no es exactamente igual al del primer descenso de su historia, pero sí llega cargado de la misma pesadumbre para un club que ha ganado mucho en el baloncesto nacional.

El Griego cayó 88-77 como visitante ante Argentino de Junín y, con ese resultado, cerró una serie que terminó 3-1 a favor del conjunto juninense. La temporada siguiente en la elite se acabó para Atenas, que deberá competir en la Liga Argentina, en un giro que para un equipo con tantos años de gloria resulta difícil de asimilar de golpe.

Historias de grandeza rodean a Atenas desde hace décadas. Con nueve títulos de Liga Nacional, el club cordobés fue durante años el equipo a vencer en la máxima competencia, y su estatus de referente quedaba claro en cada clásico y cada estadio lleno.

Pero las dinámicas modernas del básquet argentino trajeron cambios y desafíos. Desde la edición 2015/16, cuando se implementó el sistema de un único descenso decidido en un playoff entre los dos últimos de la fase regular, Atenas se ha visto obligado a afrontar esa serie de definiciones en varias temporadas.

Antes de la serie frente a Argentino, ya había caído en esa instancia en tres ocasiones: contra Quilmes en 2018/19, frente a Bahía Basket en 2020/21 y ante San Lorenzo en 2022/23.

El descenso de 2023/24 quedó atrás con un episodio que marcó un punto de inflexión: Atenas se coronó campeón de la Liga Argentina 2023/24 y, con su nuevo estadio inaugurado en mayo de 2024, regresó a la Liga Nacional con un intento de volver a la élite.

En ese retorno, terminó 12º en la fase regular y entró a los playoffs, cayendo en la reclasificación frente a Obras, un indicio de que la lucha de alto nivel no sería sencilla.

A nivel directivo, la apuesta fue mantener al entrenador Gustavo Peirone y a siete de los jugadores veteranos de la campaña previa, entre ellos hombres que también habían disputado la Liga Argentina, como Lucas Arn, Nicolás Zurschmitten, José Montero y Juan Cruz Oberto.

Eso sí, se produjo una salida sensible: Leonardo Lema dejó el club para unirse a Quimsa, y la pérdida de su mejor valor, un alero de gran rendimiento, dejó al equipo con un golpe emocional y técnico importante.

La campaña actual estuvo cargada de altibajos, lesiones y decisiones complejas. En el arranque, Atenas enfrentó un desgaste físico notable y, en la primera mitad de la temporada, el rendimiento no acompañó. A principios de noviembre, tras una racha de derrotas, el club decidió prescindir de Marc Loving, un alero que venía aportando pero no logró estabilizar la producción.

Poco después, y tras otro tramo negativo, Peirone fue desvinculado y la responsabilidad recayó en José Luis Pisani, que heredó un equipo con varias varas flojas y que, pese a los intentos de reacomodación, encadenó nueve derrotas, siete de ellas en casa.

En medio de la montaña rusa, llegaron refuerzos para oxigenar al plantel: Danjel Purifoy, un ala/pívot estadounidense, y Luciano González, escolta veterano con trayectoria, intentaron darle aire al Griego.

No obstante, las lesiones jugaron un papel determinante: Arn, Zurschmitten y Buendía estuvieron fuera en momentos clave, y Atenas jugó varias jornadas con plantel reducido, peleando cada partido con un espíritu que no siempre se tradujo en resultados.

Aun así, Atenas mostró que su historia no se puede esconder con facilidad. Llegó al último día de la fase regular con opciones de evitar el playoff por la permanencia. Ganó un par de encuentros importantes para sostenerse en la lucha: 82-78 frente a Oberá Tenis Club en Misiones y 84-82 ante La Unión en Formosa, pero el hándicap del resto de la jornada decidió su destino ante un Argentino de Junín que ya había mostrado solvencia en la serie.

En Junín, Balbi, su base, fue la pieza clave para sostener a un equipo que sabía que cada minuto contaba. Atenas perdió 61-53 el choque decisivo en un final cerrado, y la derrota dejó al club ante un nuevo descenso que cierra un ciclo y abre otro.

¿Qué viene para Atenas? Nadie duda de su historia ni de la capacidad de su gente para darle la vuelta a la situación, pero las respuestas deben venir con decisiones claras, un plan de proyecto y un equilibrio entre presupuesto, juventud y experiencia.

La directiva, a la hora de mirar hacia adelante, deberá evaluar cómo reconstruir un plantel competitivo que pueda competir de tú a tú en la élite y, a la vez, sostener un proyecto a medio plazo que vuelva a darle al club la estabilidad que siempre ha buscado.

En Córdoba, la caída de Atenas no es solo un descenso; es un llamado para reencontrar la identidad, para recuperar la confianza de una afición que siempre ha respondido y para convertir cada tropiezo en una lección de cara al retorno.

Por lo pronto, la historia reciente de Atenas quedará marcada por este descenso. Pero la memoria de sus nueve títulos y de toda la tradición que detenta el club siguen vivas entre jugadores, cuerpo técnico y una ciudad que no quiere renunciar a soñar con volver a ver al Griego peleando en lo más alto.

El camino será duro y largo, pero la gente de Córdoba sabe que, en el baloncesto argentino, la grandeza no se consigue de la noche a la mañana: se gana con trabajo, paciencia y una reconstrucción que sea tan sólida como su historia.