La Junta de Castilla y León ha concedido autorizaciones para el juego de las chapas en 92 establecimientos de Burgos, León, Palencia, Segovia, Valladolid y Zamora, repartidos en 65 localidades, durante la Semana Santa.
En plena Semana Santa, la Junta de Castilla y León ha decidido mantener una tradición muy arraigada en pueblos y ciudades de la región: el juego de las chapas.
Este año, la autoridad autonómica ha autorizado a 92 establecimientos para organizar esta actividad durante los días festivos, en un mapa que abarca 65 localidades de las provincias de Burgos, León, Palencia, Segovia, Valladolid y Zamora.
La cifra podría variar ligeramente, ya que todavía está abierto el plazo para que se presenten nuevas solicitudes, pero la distribución ya ofrece una idea clara de dónde se puede participar.
La distribución por provincias se mueve de la siguiente manera: ocho locales en Burgos, repartidos entre Los Balbases, Melgar de Fernamental, Miranda de Ebro, Roa de Duero y Villadiego; veintinueve en León, con presencia en localidades como Bembibre, Benavides de Órbigo, Cistierna, La Bañeza, Leó n, Ponferrada, Sahagún o Valderas; veintitrés en Palencia, en sitios como Aguilar de Campoo, Cervera de Pisuerga, Espinosa de Villagonzalo, Herrera de Pisuerga o Villaherraco; seis en Segovia, en Ayllón, Cuéllar, Riaza y Sacramenia; veinticuatro en Valladolid, que incluyen Alcazarén, Cigales, Mayorga, Medina del Campo, Tudela de Duero o Tordesillas; y dos en Zamora, en Benavente y Santa Cristina de la Polvorosa.
Aunque estas cifras son básicas, conviene saber que en función de la demanda de los establecimientos pueden producirse cambios menores en la lista definitiva.
Qué es exactamente el juego de las chapas y cómo funciona no es un secreto para los que han vivido estas tradiciones. Se trata de una costumbre especialmente dinámica en las zonas rurales, donde la actividad se extiende entre Jueves Santo y Domingo de Resurrección. El origen de la práctica es, en parte, motivo de curiosidad, y hay quien sostiene que su raíz podría haber estado influenciada por antiguos usos de sorteo de herramientas para decidir turnos o cargos en comunidades.
En cualquier caso, la versión que más fuerza tiene entre quienes la viven es la del reparto entre vecinos, con un grupo de participantes que se agrupa alrededor de un organizador, conocido como “baratero”.
Este último se encarga de gestionar la partida y de abonar una cuota administrativa para poder organizar el juego durante todos los días festivos.
En la práctica, el juego consiste en apostar una cantidad de dinero tal y como se acuerda entre los jugadores. La mecánica es simple: se lanzan dos monedas, tradicionalmente llamadas “perras gordas” por su historial económico, que en el pasado eran de diez céntimos de la era de Alfonso XIII.
El juego exige que ambas monedas muestren el mismo resultado; si salen caras y cruzes, la jugada se repite hasta que coincidan. Todo se desarrolla alrededor de un círculo de jugadores, con la banca girando entre ellos y recibiendo el dinero apostado.
La normativa que regula esta actividad está escrita para evitar abusos y proteger a los participantes. El marco principal lo componen el Catálogo de Juegos y Apuestas, que establece las reglas de juego, y el Reglamento regulador de la actividad, que determina la organización y la autorización administrativa necesaria para practicarla.
Entre las reglas concretas, se especifica que las apuestas deben realizarse en dinero en efectivo y que el juego puede desarrollarse tanto en espacios cerrados como al aire libre, siempre que existan los permisos municipales y que se cumpla la distancia razonable de seguridad respecto a centros educativos (100 metros) para evitar cualquier incidente.
Este año, no hay solicitudes para la práctica al aire libre, lo que indica que la actividad se concentrará principalmente en interiores o espacios de titularidad municipal que cuenten con permiso para su celebración.
Entre las infracciones administrativas que se contemplan se encuentran las de mayor gravedad, como la organización de partidas clandestinas, la manipulación del material de juego, el impago de las cantidades ganadas o conductas irrespetuosas hacia los participantes.
El consejero de la Presidencia, Luis Miguel González Gago, ha destacado que “el juego de las chapas es una tradición clave que forma parte de la identidad de la Semana Santa en numerosos pueblos de Castilla y León” y que, por ello, desde la Junta se autoriza su conservación, buscando dar seguridad jurídica a los organizadores y protección a los jugadores frente a posibles engaños.
En cuanto a la normativa de regulación, es relevante señalar que la organización del juego de las chapas debe seguir criterios que eviten apuestas sobre bienes, inmuebles o animales, manteniendo el juego en un marco de juego limpio y transparente.
La Junta, al valorar estas autorizaciones, recuerda que la finalidad es conservar una expresión cultural que, en muchos pueblos, funciona como una forma de socialización y de entretenimiento colectivo.
A la vez, subraya que la normativa debe garantizar que todo se desarrolle con control y responsabilidad, para que la tradición no derive en situaciones de abuso o desorden.
Para quienes participan de la tradición, la expectativa es alta: mantener viva una costumbre que une a vecinos, familias y visitantes durante la Semana Santa, sin perder de vista la seguridad y la legalidad.
En definitiva, la decisión de la Junta pretende equilibrar la preservación de una tradición con las garantías necesarias para que cada partida se desarrolle con claridad, transparencia y respeto hacia todos los implicados.
Si bien la experiencia de años previos ha mostrado que este juego puede ser motivo de conversación, también ha dejado claro que la buena organización y la supervisión son fundamentales para que siga siendo una actividad social, festiva y, sobre todo, segura.