La Junta licita la central de biomasa y la primera fase de la Red de Calor de León, con una inversión total superior a 51 millones de euros y cofinanciación europea, para abastecer calefacción y agua caliente a más de 28.000 viviendas y reducir emisiones.

La Junta de Castilla y León ha puesto sobre la mesa un movimiento importante en León para modernizar la forma de calentar la ciudad. A través de SOMACYL, la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio licita dos actuaciones estratégicas para la Red de Calor Sostenible de León: la central de generación de energía térmica con biomasa y la primera fase de su red de distribución.

En conjunto, la inversión supera los 51,1 millones de euros y cuenta con cofinanciación de fondos europeos de Transición Justa. Este plan no es un proyecto aislado: forma parte de un marco más amplio de descarbonización urbana y de impulso a energías renovables autóctonas.

La central de biomasa es la pieza central de la operación. Contará con dos calderas de última generación, cada una de 22 MW de potencia, lo que eleva la capacidad total a 44 MW en esta primera instalación.

El terreno escogido para la nueva planta es una parcela de 24 hectáreas situada junto al río Bernesga, al Cementerio Municipal y a la Ronda Sur de León, dentro de un complejo de energías renovables que también incorporará energía solar y, a medio plazo, hidrógeno verde.

Con estas dos calderas se prevé una producción anual de 176 millones de kWh de energía térmica renovable y un consumo de biomasa forestal cercano a las 64.000 toneladas al año. A efectos ambientales, la operación evitará añadir más de 35.000 toneladas de CO2 cada año, lo que contribuirá a mejorar la calidad del aire en los barrios conectados y a reducir poco a poco la dependencia de calderas y chimeneas que queman combustibles fósiles.

Entre las innovaciones destaca un sistema inteligente de almacenamiento térmico. Se prevé un depósito de inercia de 13 millones de litros que permitirá acumular energía para liberarla cuando la demanda sea mayor, optimizando así el uso de la energía renovable y reduciendo picos de consumo eléctrico.

Además, la instalación contará con filtros de mangas para depurar humos, sistemas de control automático, y gestión digital para adaptar la producción a la demanda real.

El combustible será astilla forestal de origen sostenible, procedente de aprovechamientos forestales, con el objetivo igualmente de favorecer la economía rural y la prevención de incendios forestales mediante una gestión más eficiente de la biomasa.

La central está pensada para abastecer a la futura red urbana de calor sostenible de León, con la capacidad de suministrar calefacción y agua caliente sanitaria a más de 28.000 viviendas y 150 edificios públicos y privados de la ciudad. Asimismo, en un horizonte de expansión, se prevén futuras ampliaciones que podrían elevar la potencia nominal a 88 MW.

La segunda licitación corresponde a la primera fase del despliegue de la red de distribución de calor. Cuenta con una inversión de casi 16,7 millones de euros y un plazo de ejecución de 24 meses. En esta fase se construirán unas 28 kilómetros de canalizaciones enterradas, con diámetros que oscilan entre DN800 y DN50, para conectar la central con distintos barrios.

El eje principal de la red será una conducción bitubular de alta capacidad (DN800) que arrancará en el barrio de La Lastra y recorrerá puntos emblemáticos de la ciudad como Paseo del Parque, Los Aluches, la plaza de la Unión Europea y la Avenida José Aguado, para continuar después por Octavio Álvarez Carballo, Santa Ana, Pendón de Baeza y la Avenida Real.

A partir de ese ramal principal partirán ramales secundarios que irán extendiendo el servicio a La Lastra, La Chantría, Las Labiadas, Santa Ana, Polígono 10, El Ejido y La Granja.

En una siguiente etapa se pretende llegar también al Hospital de León.

Las canalizaciones serán tuberías de acero preaislado diseñadas para el transporte eficiente de energía térmica en forma de agua caliente, con un interior de acero, aislamiento de espuma rígida de poliuretano y envolvente exterior de polietileno de alta densidad.

Se incorporará un sistema avanzado de detección de fugas, una red de comunicaciones virtual VPN y bombeos inteligentes de caudal variable para adaptar la producción a la demanda real de los edificios conectados, reduciendo pérdidas y optimizando el consumo eléctrico.

Cada edificio contará con una subestación de intercambio térmico en la sala de calderas para desacoplar hidráulicamente la red urbana del circuito interno y transferir la energía para calefacción y agua caliente.

Estas subestaciones incluirán intercambiadores de calor, válvulas, contadores y bombas de impulsión secundaria, y permitirán la telegestión de la demanda energética de los inmuebles.

En conjunto, este proyecto de red de calor sostenible busca situar a León a la vanguardia de las ciudades que apuestan por un suministro centralizado, eficiente y renovable.

Al eliminar equipos de producción de calor distribuidos que consumen combustibles fósiles, se reduce la inversión y el mantenimiento de cada equipo individual y se mejora la calificación energética de los edificios.

Además, la iniciativa contribuirá a disminuir los costes energéticos para los usuarios y a mejorar la calidad del aire, al reducir la emisión de contaminantes procedentes de instalaciones térmicas convencionales.

Históricamente, los modelos de red de calor urbano llevan años funcionando en varias ciudades europeas, aprovechando recursos renovables y redes centralizadas para ofrecer calefacción y agua caliente de forma más estable y eficiente.

En el caso de León, la implantación de este sistema forma parte de la apuesta regional por una economía más sostenible y menos dependiente de combustibles importados, con el objetivo de proteger el bolsillo de los ciudadanos frente a la volatilidad de los precios energéticos y de estimular el empleo en el medio rural a través de la gestión de biomasa y de las inversiones en infraestructuras públicas.

Esta actuación responde, además, a las demandas de mejora de la calidad del aire urbano y de reducción de emisiones contaminantes, un objetivo compartido por administraciones y ciudadanos que buscan un entorno más saludable y una economía más segura ante cambios energéticos globales.

En resumen, León avanza con una inversión sostenida en una central de biomasa y una red de distribución que esperan transformar la manera en que se calienta y se ventila la ciudad.

Con la energía renovable como eje y la tecnología como aliada, el proyecto aspira a convertir la calefacción de la ciudad en un servicio más estable, eficiente y respetuoso con el medio ambiente, al tiempo que crea oportunidades económicas y mejora la calidad de vida de los leoneses.