La Consejería de Industria de Castilla y León abre la puerta para que el Cristal de La Granja alcance la protección europea como Indicación Geográfica de Productos Artesanales, una medida que preserva técnicas, tradición y empleo en la región.

La Junta de Castilla y León ha dado un paso decisivo para convertir al Cristal de La Granja en la primera Indicación Geográfica de Productos Artesanales de España.

La Consejería de Industria, Universidades, Empleo y Comercio ha concluido la primera parte del análisis de la solicitud presentada por la Fundación de la Real Fábrica de Cristales para obtener este reconocimiento europeo.\n\nCon la publicación en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI) de la solicitud, se abre un plazo de dos meses para que cualquier persona con interés legítimo, que resida o esté establecida en España, pueda presentar sus consideraciones para el examen por la autoridad autonómica competente.

Este paso marca el inicio formal del proceso que, paso a paso, pretende situar al Cristal de La Granja a la altura de otras indicaciones geográficas reconocidas en la Unión Europea.\n\nEste marco normativo nace con la regulación UE 2023/2411, que establece por primera vez un sistema uniforme de protección de Indicaciones Geográficas para productos artesanales e industriales.

En la práctica, significa equiparar el estatus de estos productos al de alimentos y bebidas con IG, reforzando la relación entre un producto y su territorio, y protegiendo técnicas, saberes y tradiciones transmitidos de generación en generación.\n\nEl nombre para el que se solicita la protección, Cristal de La Granja, alude a un producto cuyo origen geográfico está en Castilla y León, concretamente en el Real Sitio de San Ildefonso – La Granja, en Segovia.

El proceso se articula en dos fases: primero a nivel nacional y, si se supera, luego a nivel de la Unión Europea. Tras la publicación en el BOPI, se abre un periodo para que autoridades, empresarios y ciudadanos puedan presentar observaciones ante la autoridad autonómica competente.\n\n¿Qué protege exactamente una Indicación Geográfica de Productos Artesanales? Más allá de una marca, la IG reconoce que el producto está ligado a un lugar y a un saber hacer concreto: técnicas de tallado, pulido, acabado y un saber artesano que ha pasado de generación en generación.

La IG no garantiza que cada pieza sea idéntica, pero sí asegura que su origen y sus métodos guardan una relación directa y reconocible con La Granja y su tradición.

Esto aporta calidad percibida, coherencia en la oferta y valor agregado para el artesano y su entorno.\n\nLa dimensión de este hito no es menor: se trata de la primera Indicación Geográfica de Productos Artesanales de España. Si el Cristal de La Granja consigue la protección completa, podría fortalecerse su identidad, abrir nuevas oportunidades de mercado y contribuir al desarrollo económico de la comarca y de toda la región de Castilla y León.

La IG también puede estimular la formación y el relevo generacional en oficios tradicionales, que requieren años de aprendizaje y una meticulosa dedicación.\n\nHistoria y contexto: la Real Fábrica de Cristales de La Granja nació en el siglo XVIII, bajo la tutela de la monarquía de Felipe V, para abastecer a la corte y a la élite europea con obras de cristal finísimo.

El Real Sitio de San Ildefonso y su entorno, conocido como La Granja, se convirtió en un símbolo de la técnica y la excelencia artesana de la época.

Con este trasfondo, la solicitud de la IG persigue que ese legado conserve su presencia en el mercado global y reciba el suficiente reconocimiento institucional para atraer inversiones y mercados exteriores.\n\nEn definitiva, este avance sitúa a la artesanía española en un nuevo marco de protección y prestigio. No se trata de una etiqueta más, sino de una herramienta con la que se busca defender un oficio vivo, con historia y futuro. El público puede participar en el proceso dentro del plazo establecido, aportando argumentos que sirvan para afinar el análisis de la autoridad competente.

El Cristal de La Granja no solo es una pieza de colección; es un ejemplo de cómo la tradición puede convivir con las normas modernas para generar empleo, turismo y orgullo regional.