Resumen claro de la encuesta de 2025 sobre la población reproductora de águila perdicera en Castilla y León, con 17 territorios ocupados, distribución por provincias y las cifras clave de reproducción y planes futuros.
Este informe describe, de forma clara y sin adornos, lo que ha ocurrido en la campaña de 2025 con la población reproductora de águila perdicera en Castilla y León.
En total se identificaron 17 territorios ocupados por una pareja, lo que demuestra que la especie continúa presente en la región y que, pese a las turbulencias históricas, mantiene cierto grado de estabilidad en puntos clave de su área de distribución.
La mayor concentración de territorios se encuentra en Salamanca, donde se localizan diez, seguida de Zamora con seis y Burgos con uno. Estos datos subrayan que el núcleo principal de la población está en el oeste y sur de la comunidad, especialmente en los corredores de la cuenca del Duero y zonas limítrofes, con presencia también en áreas transfronterizas ya que Arribes del Duero, en Salamanca, está muy cercano a Portugal.
En cuanto a la ubicación administrativa, todos los territorios descritos se hallan dentro de la Red Natura 2000, salvo un caso aislado en Zamora. Dentro de esa red, la ZEPA Arribes del Duero aporta el mayor número de territorios (13), acompañada por un territorio en Montes de Miranda de Ebro y Ameyugo, y dos en los Cañones del Duero (uno de ellos en el límite con Arribes).
Este patrón deja claro que la conservación está estrechamente ligada a conservar esos espacios y sus paisajes, que funcionan como refugio para las parejas reproductoras.
La metodología de censo que se emplea en Castilla y León consiste en realizar visitas a cortados y cantiles donde se ha definido el área de ocupación, buscando a las parejas reproductoras y siguiendo su desarrollo.
Se observa la ocupación de territorio, la puesta, la incubación, el éxito reproductor y la productividad. En 2025, el seguimiento mostró indicios de reproducción en todos los territorios (observación de vuelos de celo, defensa del territorio, cópulas, arreglo de nidos, entre otros).
La puesta se confirmó en 10 territorios, es decir, el 58,8 % de los casos, un dato que se mantiene dentro de la franja observada en años recientes (alrededor del 55,7 % entre 2016 y 2025).
El número de pollos nacidos y volados fue de 6, lo que da una productividad de 0,35 pollos por pareja. Este valor está por debajo de la media de los últimos años (0,46 entre 2016 y 2025) y, de hecho, se sitúa entre las cifras más bajas registradas en Castilla y León.
Como referencia, en años anteriores y en España en general, la productividad suele situarse alrededor de 1 pollo por pareja y, por ejemplo, en 2018 se alcanzó 0,91.
En 2025, además, el éxito reproductor (número de pollos que resultan criados por cada puesta) se situó en 0,86, y se obtuvo una tasa de vuelos de 1,00, es decir, que todas las parejas que criaron no siempre lograron producir más de un polluelo.
En cuanto a los fracasos, once parejas no lograron reproducirse: siete de ellas no realizaron la puesta y tres fracasaron durante la incubación. Todos los nidos localizados estaban en cortados rocosos; apenas hay registros de nidos en árboles en Castilla y León, a diferencia de otras zonas de la Península Ibérica donde sí hay casos de cría arbórea.
Este rasgo enfatiza la necesidad de proteger esos acantilados y otros hábitats rocosos clave frente a perturbaciones durante la temporada de nidificación, periodo especialmente sensible para las grandes rapaces.
Mirando al futuro, para 2026 se ha previsto un programa de marcaje con GPS destinado a facilitar el seguimiento telemétrico de individuos de la especie.
El objetivo es avanzar en el conocimiento de patrones de dispersión y de ocupación de nuevos territorios de cría, a la vez que se buscan las causas de mortalidad y se estudia el uso del espacio por los adultos reproductores.
El plan contempla seguir a cuatro ejemplares de la población de Arribes del Duero. La marcación con dispositivos remotos es una de las técnicas más eficaces para entender la ecología de fauna silvestre sin necesidad de recurrentes capturas, aunque tiene limitaciones, como el peso de los emisores y una duración típica inferior a cinco años.
Este tipo de datos ayuda a valorar y adaptar las medidas de gestión para la conservación de la especie.
Paralelamente, el Plan de Monitorización del Estado de Conservación de la Biodiversidad en Castilla y León continúa como marco de referencia. Este plan, que abarca el seguimiento de hábitats de interés comunitario y de especies incluidas en directorias europeas, permite evaluar el estado de conservación de la fauna protegida y orientar las actuaciones para mantener o mejorar su situación.
En 2026, la Junta de Castilla y León seguirá coordinando este trabajo con foco en grupos como fauna amenazada, aves rapaces rupícolas, aves esteparias, y grandes rapaces, entre otros.
En resumen, la noticia de 2025 deja claro que la águila perdicera mantiene presencia en Castilla y León, pero con un reto claro: subir la productividad y consolidar territorios para evitar caídas futuras, manteniendo al mismo tiempo la vigilancia y las acciones de conservación necesarias para que estos 17 territorios sean un punto de partida estable para el futuro.