El presidente Donald Trump ha firmado una proclamación que impone aranceles del 50% a productos canadienses en represalia por el boicot de las provincias canadienses al alcohol estadounidense. La medida entrará en vigor el 19 de agosto de 2026.

El presidente Donald Trump ha vuelto a poner a Estados Unidos primero. Esta vez, ha firmado una proclamación que impone aranceles del 50% a una larga lista de productos canadienses, como represalia por el boicot que las provincias canadienses han hecho al alcohol estadounidense.

Y es que desde marzo de 2025, prácticamente todas las provincias y territorios de Canadá dejaron de comprar, distribuir y vender bebidas alcohólicas de Estados Unidos.

Solo Alberta y Saskatchewan levantaron la prohibición en junio de 2025, pero el resto sigue cerrado a cal y canto.

Esto ha sido un mazazo para los productores americanos de whisky, vino y cerveza. Las exportaciones de alcohol de Estados Unidos a Canadá se desplomaron un 81% en un año, pasando de 718 millones de dólares a solo 137 millones. Y lo peor es que mientras nos cerraban la puerta, se la abrían de par en par a otros países. Las importaciones canadienses de alcohol desde Chile, Japón, Argentina, Irlanda, Nueva Zelanda y Australia aumentaron entre un 13% y un 26%. Incluso la Unión Europea se ha beneficiado, con más de 100 millones de dólares en ventas extra.

Trump no se ha quedado de brazos cruzados. Ha invocado la ley de aranceles de 1930, que permite al presidente tomar medidas cuando un país discrimina el comercio estadounidense. Y ha sido contundente: desde el 19 de agosto de 2026, todos los productos canadienses incluidos en el anexo de la proclamación pagarán un arancel extra del 50% al entrar en Estados Unidos.

Esto se suma a los aranceles que ya tuvieran.

La Casa Blanca defiende que esta medida no solo castiga a Canadá, sino que también protege a la industria americana. Al encarecer los productos canadienses, se da ventaja a los productores nacionales, que podrán recuperar el mercado perdido. Y además, se presiona a Canadá para que levante las barreras. Porque no es solo el alcohol: la discriminación canadiense afecta a todo el comercio, y Trump ha decidido que ya está bien.

Recordemos que esto no es la primera bronca comercial con Canadá. Ya en 2018, Trump impuso aranceles al acero y al aluminio canadienses, y Canadá respondió con medidas similares. Luego llegó el USMCA, el acuerdo que sustituyó al TLCAN, pero las tensiones nunca desaparecieron del todo. Ahora, con esta nueva medida, Trump demuestra que no va a tolerar que nadie juegue sucio con los trabajadores y las empresas americanas.

La proclamación también deja claro que si Canadá mantiene o aumenta la discriminación, Trump puede llegar a excluir completamente sus productos. Así que el balón está en el tejado de Justin Trudeau. Por ahora, los aranceles del 50% están en marcha, y los efectos se notarán en la economía canadiense, que depende mucho del comercio con su vecino del sur.

Para los americanos de a pie, esto significa que algunos productos canadienses, como el sirope de arce o la madera, serán más caros, pero también que se defienden los puestos de trabajo en casa.

Y eso, para los que creemos en América primero, es una buena noticia.