El presidente Donald Trump ha firmado una nueva proclamación para reforzar la industria del aluminio en Estados Unidos. Las empresas que construyan o amplíen fábricas de aluminio primario podrán importar el material a la mitad del arancel habitual, con el objetivo de garantizar la seguridad nacional y reducir la dependencia de importaciones extranjeras.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a echar un cable a la industria del aluminio con una nueva medida que busca, ni más ni menos, que hacer del país un productor fuerte y autosuficiente de este metal tan importante.

El pasado 20 de julio, Trump firmó una proclamación presidencial que establece un programa de incentivos para que las empresas inviertan en fábricas de aluminio primario dentro de Estados Unidos.

¿En qué consiste? Básicamente, aquellas compañías que presenten un plan serio para construir una nueva planta, ampliar una existente o renovar una vieja, podrán importar aluminio primario pagando solo la mitad del arancel que normalmente tocaría.

Y no solo eso: la cantidad que pueden importar a ese precio reducido será exactamente la misma que se espera que produzca la nueva instalación cada año.

Vamos, que se premia a quien apueste por el 'hecho en América'.

Esta decisión no sale de la nada. Ya en 2018, Trump impuso aranceles del 10% al aluminio importado (y del 25% al acero) argumentando que la dependencia de productos extranjeros ponía en riesgo la seguridad nacional.

Desde entonces, ha ido ajustando las tarifas para proteger a la industria local. Pero, según su secretario de Comercio, la producción de aluminio primario (el que se obtiene directamente de la bauxita) todavía no es suficiente para cubrir las necesidades del país, sobre todo las militares.

Por eso, este nuevo programa quiere animar a las empresas a dar el paso y montar fábricas que realmente produzcan el metal desde cero.

El mecanismo es sencillo: las empresas interesadas presentan su 'plan de retorno' (onshoring plan) al Departamento de Comercio. Si el plan convence, el secretario lo aprueba y entonces la compañía puede importar, cada año, una cantidad de aluminio primario equivalente a lo que vaya a producir su nueva fábrica, pero pagando solo el 50% del arancel que corresponda.

Ojo: si la empresa no cumple lo prometido, se le pueden retirar los beneficios e incluso cobrarle los aranceles atrasados con multas. Trump no se anda con bromas.

Además, la proclamación deja claro que el objetivo último es la seguridad nacional. En un mundo cada vez más incierto, tener una industria del aluminio fuerte es vital para fabricar aviones, tanques, misiles y un sinfín de productos defensivos.

Depender de países como China o Rusia para algo tan estratégico no es una opción sensata. Con esta medida, Trump demuestra que su prioridad es proteger los intereses de EE.UU. y crear empleo bien pagado en el país.

Para el lector español, esta noticia puede sonar a algo lejano, pero tiene su moraleja: la globalización ha dejado a muchos países sin capacidad industrial clave.

Mientras tanto, Trump apuesta por el proteccionismo y la producción nacional, una postura que muchos conservadores españoles ven con buenos ojos. Al fin y al cabo, si Estados Unidos se lo puede permitir, ¿por qué no iba a hacerlo España? Pero esa es otra historia.

En definitiva, el nuevo plan de aranceles reducidos a cambio de fábricas es un paso más en la política de 'América primero' que tantos aplausos le ha granjeado a Trump entre sus votantes.

Ahora, solo queda esperar a ver si las empresas se animan a invertir y si la producción de aluminio primario da el salto que necesita. De momento, el mensaje está claro: el que quiera vender en EE.UU., que fabrique en EE.UU.