La ciudad de Zaragoza abre un plazo de solicitud para licencias de actuaciones en la vía pública, repartidas en tres zonas con un régimen de horarios y un enfoque para equilibrar vida urbana, cultura y descanso vecinal, incluyendo mercados y restricciones en espacios emblemáticos.
El Ayuntamiento de Zaragoza ha anunciado que este viernes 13 de febrero se abre el plazo para que músicos y artistas callejeros presenten sus solicitudes de licencias y puedan actuar a lo largo del año en las calles de la ciudad.
El procedimiento se puede iniciar de forma electrónica a través de la web municipal o de manera presencial en la Oficina de Registro de la Casa Consistorial, y permanecerá vigente hasta el 4 de marzo inclusive, tal como figura en el decreto dictado por la Consejería de Participación Ciudadana que regula las actuaciones en espacios públicos conforme a la vigente ordenanza de ruidos.
En total se concederán 85 licencias, repartidas entre dos zonas principales y una tercera vinculada a mercados semanales. La cifra de licencias para este año mantiene el mismo volumen que la campaña anterior, lo que densifica una estructura estable para el arte y la música en la ciudad sin alterar de forma sustancial el balance entre convivencia vecinal y actividad cultural.
La Zona 1 comprende Paseo Independencia y Casco Histórico y aporta 30 permisos, de los cuales 20 están destinados a músicos y 10 a artistas. En este marco, queda excluida la Plaza del Pilar por su especial valoración patrimonial, histórico-artística y vínculo religioso, un criterio que busca salvaguardar un espacio emblemático de la ciudad.
Asimismo, se mantiene la exclusión de las actuaciones musicales en la calle Alfonso a raíz de las quejas vecinales, mientras que el resto de expresiones artísticas, como mimo, estatuas vivientes, malabares o dibujantes, sí podrán desarrollarse en esta vía central.
Con esta distribución se persigue compatibilizar las manifestaciones artísticas y musicales, que aportan dinamismo y entretenimiento en la vía pública, con el derecho al descanso de los vecinos.
La Zona 2 concentra las actuaciones en parques, plazas y calles del resto de la ciudad y podrá otorgarse como máximo 55 licencias, contando músicos y artistas.
Además, se habilita una tercera zona vinculada a los mercados para dinamizar la actividad comercial, para la que se han concedido seis autorizaciones.
Estas licencias estarán en vigor hasta el 31 de diciembre, incluyendo las Fiestas del Pilar. Para cada zona se han fijado franjas de horario delimitadas, de modo que la convivencia con el descanso nocturno y las normativas de ruidos se mantenga dentro de tolerancias razonables.
La medida, presentada por el Ayuntamiento como un marco para regular la actividad cultural en la calle, ha sido interpretada por algunos observadores como un esfuerzo por ordenar la presencia de música y performance sin perder la espontaneidad que caracteriza a Zaragoza.
Presuntamente, la estrategia busca canalizar la demanda de entretenimiente en áreas específicas y evitar concentraciones que puedan afectar a residentes y comerciantes cercanos.
Además, se estima que este nuevo esquema podría contribuir a la dinamización del comercio local y a la visibilidad de la ciudad como escenario de cultura viva.
Supuestamente la ciudad estudia, a medio plazo, posibles ajustes en horarios y zonas para adaptarse a las demandas de artistas y vecinos, manteniendo el marco normativo vigente.
En cualquier caso, la regulación de las actuaciones se mantiene bajo la supervisión de la ordenanza de ruidos vigente y con mecanismos de revisión periódica.
A modo de contexto histórico, Zaragoza ha visto en las calles una sala de exposición y de interpretación artística que ha evolucionado con el tiempo.
Este nuevo marco pretende, según las autoridades, consolidar una experiencia urbana equilibrada, donde las trayectorias culturales no se vean obstaculizadas por la falta de claridad administrativa, al tiempo que se protege la convivencia vecinal y el descanso de los residentes.
Probablemente esta estructura normativa se convertirá en referencia para otras ciudades de la región que buscan ordenar la actividad cultural al aire libre sin eliminarla, manteniendo la ciudad conectada con su patrimonio y su gente.
En resumen, se abre una etapa de mayor claridad administrativa para los artistas de calle y una oportunidad para que Zaragoza continúe siendo un laboratorio de cultura abierta y participativa, con límites razonables y beneficios para el tejido social y económico local.