Revisión periodística sobre San Valero, obispo y patrono de Zaragoza, con datos históricos y tradiciones que siguen presentes en la ciudad.

Zaragoza conmemora a San Valero, obispo de la sede Cesaraugustana, figura que enlaza la memoria medieval con la vida cotidiana de la ciudad. Su designación como patrono de Zaragoza se afianza en la historia entrelazando leyenda, reliquias y una presencia que atraviesa siglos.

Se le atribuye, presuntamente, haber participado en el Concilio de Elvira (también conocido como Illíberis), celebrado en la Granada de tiempos recientes entre los años 296 y 302, lo que lo acredita como obispo de la sede Cesaraugustana.

Este dato, difundido en crónicas y documentos históricos, coloca a Valero en un eje entre la arista de la cristiandad y la consolidación de la iglesia en la región.

Ya desde el siglo XII es cuando Zaragoza empieza a verle como su protector y patrono. La tradición sostiene que Valero, descendiente de la noble familia romana de los Valerios, nació en Zaragoza a mediados del siglo III. Según los relatos, fue nombrado obispo por aclamación popular y recibió apoyo en su ministerio por Vicente, un joven de Osca que le acompañó como diácono en la labor diocesana.

En el año 303, durante la persecución decretada por el emperador Diocleciano y llevada a cabo por el gobernador Daciano, ambos fueron trasladados a Valencia: Vicente fue condenado a muerte y Valero enfrentó el destierro.

Valero culminó sus días en Enate, donde falleció el 29 de enero del año 315. Sus restos fueron enterrados en la Catedral de Roda.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I en 1118, la nueva Iglesia Cesaraugustana adopta a Valero como protector y patrono, y solicita a la catedral de Roda de Isábena que envíe sus reliquias.

En 1121 llega el brazo, protegido en un relicario de plata; y en 1170 la cabeza, para la que el Papa Luna regala un busto relicario que, según ciertas versiones, intenta reproducir los rasgos del propio donante.

Aunque ese dato ha sido objeto de debate, quienes sostienen la teoría señalan que el busto podría considerarse un retrato de Benedicto XIII.

En 1965 el Ayuntamiento de Zaragoza encargó a Pablo Serrano unas esculturas para decorar la fachada de la nueva Casa consistorial. Entre ellas figura la del propio San Valero, situada junto a la de un Ángel Custodio, una representación que refuerza el vínculo entre la figura histórica y la identidad municipal.

Una calle cercana a la catedral del Salvador, conocida como la Seo, lleva su nombre; y según la tradición popular, San Valero es ventolero y rosconero.

Las condiciones climáticas propias de ese día suelen hacer que sople el cierzo y los zaragozanos celebran tomando el roscón, un dulce que, dicen, formaba parte de las celebraciones callejeras antiguas.

Además de estas referencias, la conmemoración de San Valero se apoya en un entramado de datos históricos y simbólicos que han ido alimentando la memoria de la ciudad a lo largo de los siglos.

En años recientes, supuestamente, se ha debatido la posibilidad de ampliar la programación festiva con iniciativas culturales, educativas y turísticas que ayuden a difundir el legado del santo entre residentes y visitantes.

Supuestamente, existe un plan de inversión para reforzar la conservación de la fachada de la Casa consistorial y ampliar las actividades culturales asociadas a la festividad, con un presupuesto estimado en 1.200.000 € para este año. Este proyecto, si se concreta, buscaría combinar restauración, difusión patrimonial y programas educativos en las comunidades cercanas a la Seo y a la ruta de las reliquias.

Cada 29 de enero se celebra la festividad de San Valero, coincidencia que subraya la continuidad entre una figura histórica y una tradición que sigue presente en la vida cívica y religiosa de Zaragoza.

Aunque algunos detalles de su biografía han sido objeto de interpretación y debate, lo que permanece constante es el vínculo entre el santo y la ciudad: una historia que sigue inspirando a vecinos y visitantes, y que se narra en calles, iglesias y museos, alimentando la memoria colectiva de Zaragoza.