Zaragoza conmemora 900 años desde la firma de un privilegio real de Alfonso I El Batallador. El documento, datado en 1126 y conservado en el Archivo Municipal, se expone en el Palacio de Montemuzo durante la Semana Internacional de los Archivos, con visitas, talleres y conferencias para entender la historia de la ciudad.

Zaragoza celebra un hito que parece sacado de un libro de historia, pero que sigue vivo en la memoria de la ciudad: el Archivo Municipal expone el pergamino más antiguo que conserva, fechado en 1126 y firmado por Alfonso I El Batallador.

Este documento no es cualquier papel viejo; es una pieza fundamental para entender cómo Zaragoza, una ciudad milenaria que ha servido de cruce de culturas, se convirtió en lo que es hoy.

El acto de ponerlo en la luz llega en pleno marco de la Semana Internacional de los Archivos, un evento que reúne archivos de todo el mundo y que, en Zaragoza, sirve para recordar que la memoria escrita también puede ser un motor de convivencia y orgullo local.

La historia que contiene el pergamino está íntimamente ligada a un periodo clave de la historia de Zaragoza. En 1118, tras la conquista de la ciudad por parte de Alfonso I, la zona pasó a ser una frontera de fronteras culturales y religiosas que requería repoblación y orden.

Pocos años después, en 1.126, el rey emitió este texto por el que otorgaba fueros y privilegios a los cristianos mozárabes que vivían en zonas de Andalucía y Valencia para que se trasladasen a Zaragoza.

Con ese movimiento demográfico, el objetivo era afianzar la presencia cristiana y, al mismo tiempo, integrar a las comunidades que ya convivían en la cuenca del Ebro.

El documento y su copia son, por tanto, una evidencia irrefutable de un proceso de organización y crecimiento de la ciudad en la Edad Media, cuando Zaragoza se convertía en una pieza clave de la reconquista y de la configuración de la España medieval.

El pergamino que ahora se exhibe en el Palacio de Montemuzo, una construcción renacentista del siglo XVI que acoge la muestra, es la pieza más antigua custodiada por el archivo municipal.

Estará expuesto de forma excepcional del 6 al 12 de junio, con horarios de consulta de mañana, y entrada libre para el público durante su periodo de exhibición.

Además, entre las actividades previstas, se ha preparado una exposición virtual con transcripciones y estudios paleográficos, y una serie de recursos que permiten acercar al visitante el contexto histórico y la conservación de estos documentos.

La programación incluye también jornadas de puertas abiertas el martes 9 de junio, con visitas guiadas al Archivo, la Biblioteca y la Hemeroteca Municipales, y la posibilidad de ver documentos originales que recorren ocho siglos de memoria de la ciudad.

Habrá visitas a espacios normalmente cerrados y la oportunidad de admirar elementos patrimoniales singulares, como el artesonado mudéjar del edificio.

Entre las actividades, destaca la grabación en directo del programa Historia de Aragón de Aragón Radio, dedicada íntegramente al novecientos aniversario del privilegio de 1126.

Participarán especialistas y se celebrará en el patio de Montemuzo, con entrada libre hasta completar aforo. Después, se podrá visitar la exposición del documento original y, de forma paralela, la proyección del vídeo Restauración del Palacio de Montemuzo y una recopilación de fotografías históricas bajo el título Patrimonio que resiste, patrimonio perdido y patrimonio errante.

La semana continuará con un taller de caligrafía histórica para experimentar las técnicas escriturales de la época y una conferencia clave, El privilegio de Alfonso I (1126): 900 años de un documento que cambió la historia de Zaragoza, que irá a cargo de las investigadoras María Narbona y Érika Gómez.

Al cierre de la conferencia, la ruta incluirá una visita comentada a la exposición del documento.

Esta conmemoración no es solo una fiesta para los historiadores: es una invitación a entender la memoria como base de la ciudad moderna. El Archivo Municipal quiere mostrar que estas piezas, a las que parece que el tiempo les gana terreno, siguen teniendo mucho que decir sobre la manera en que Zaragoza ha forjado su identidad: una ciudad de frontera, sí, pero también de cultura, trabajo y conservación del patrimonio.

Mantener vivo este legado exige inversión y participación ciudadana, y estas actividades buscan precisamente eso: que la gente vea y valore el archivo como un recurso para entender el presente mirándolo desde el pasado profundo de la ciudad.