El Ayuntamiento de Sevilla continua el plan de recuperación del callejero de Olavide de 1771 mediante la instalación de una placa cerámica en la confluencia de Sierpes y Pedro Caravaca, en la zona que corresponde a la antigua Calle San Acacio. El acto contó con la participación de representantes municipales y de la Asociación Niculoso Pisano.

En Sevilla, el Ayuntamiento continúa con el plan de recuperación del callejero de Olavide de 1771 mediante la instalación de una nueva placa cerámica en la confluencia de las calles Sierpes y Pedro Caravaca, en el tramo que hoy corresponde a la antigua Calle San Acacio.

El acto contó con la presencia de los delegados de Urbanismo, Juan de la Rosa; de Fiestas Mayores, Manuel Alés; y de la delegada del distrito Casco Antiguo, Amidea Navarro.

También estuvieron el presidente del Real Círculo de Labradores, Benito Mateos-Nevado, y el presidente de la Asociación Niculoso Pisano, Martín Carlos Palomo.

Esta acción se enmarca dentro de la colaboración entre la Gerencia de Urbanismo y la Asociación Niculoso Pisano para recuperar una parte de la historia de la ciudad recogida en el callejero de Olavide de 1771 y, al mismo tiempo, para impulsar la cerámica de Triana como rasgo identitario del patrimonio urbano.

Durante su intervención, de la Rosa destacó que "este azulejo se suma al plan de recuperación del antiguo callejero de Olavide y, en este caso, devolvemos la memoria del antiguo convento de San Acacio desaparecido, ahora sede del Labradores, a las calles de nuestra ciudad".

El delegado quiso valorar la implicación ciudadana y la cooperación público-privada que hacen posible la recuperación de este patrimonio inmaterial y material que define la memoria de Sevilla.

Este rótulo de ‘Antigua Cava de los Gitanos’ se suma a los 14 azulejos cerámicos ya instalados e inaugurados por el consistorio, con nombres que han ido marcando la memoria urbana: La Mar, Bayona, Tiendas, Callejón de los Pobres, Sardinas, Tundidores, Cantarranas, La Mosca, Corral del Agua, del Burro, Gradas, Pescado, Aceite y Cava.

El respeto por la historia de la ciudad, además de su dimensión estética, es uno de los objetivos de este proyecto. El nomenclátor urbano no es solo una herramienta para identificar calles; es también un reflejo de la historia de Sevilla y, en este caso, de la riqueza multicultural que ha caracterizado a la ciudad a lo largo de los siglos.

Recuperar este azulejo supone, en palabras de sus impulsores, recuperar parte de nuestra historia y poner en valor un patrimonio artesanal que forma parte del legado de la cerámica sevillana y, en particular, de la isla de Triana, célebre por su tradición alfarera.

La historia de la Calle San Acacio, hoy llamada Pedro Caravaca, está conectada con la memoria de un antiguo convento agustino fundado en el siglo XVII, alrededor de 1633.

Este tramo urbano alberga una biblioteca pública tras la desamortización de 1834, fue sede de la Hermandad del Gran Poder y, en la actualidad, acoge la sede del Real Círculo de Labradores.

Originalmente conocida durante la Edad Media como Calle Leones, pasó a denominarse San Acacio en 1641. A lo largo de los años, el nombre del eje urbano sufrió cambios como Aristides Briand en 1931, y, tras la exclaustración de 1810 durante la ocupación napoleónica y la desamortización, el edificio ha desempeñado distintos usos, incluido el de oficina de correos entre 1850 y 1930.

Tras una reforma, en 1951 pasó a ser la sede del Real Círculo de Labradores, conservando parte de su claustro y su valor histórico. A través de estas placas, Sevilla pretende hacer tangible esa memoria histórica que vincula la ciudad con su patrimonio edilicio y con la artesanía cerámica que tanto identifica a la región.