El Ayuntamiento de Sevilla ha completado la restauración de este histórico monumento, recuperando el brillo de sus jaspes y sellando grietas. La cruz era testigo de los juramentos de los mercaderes en el Siglo de Oro.
La emblemática Cruz de los Juramentos, ubicada entre la Catedral de Sevilla y el Archivo General de Indias, luce de nuevo esplendorosa después de una intervención municipal.
El Ayuntamiento, a través de la Gerencia de Urbanismo, ha llevado a cabo trabajos de conservación preventiva que han devuelto el brillo a sus jaspes rojinegros y han corregido daños causados por la humedad y el paso del tiempo.
La cruz, que no recibía mantenimiento desde 2018, presentaba grietas en el pedestal y acumulación de vegetación, debido sobre todo a las fuertes lluvias del invierno pasado.
Pero lo que parecía una simple reparación se convirtió en una restauración integral: los técnicos aprovecharon para limpiarla a fondo y aplicar un tratamiento hidrofugante innovador, usado desde 2019 en monumentos históricos, que recupera el color original de los mármoles y protege frente a la lluvia, los excrementos de aves o los rayos UV.
Lo mejor es que este producto es reversible y no daña el material original.
Y es que esta cruz no es un elemento decorativo cualquiera. Construida en el siglo XVII, fue testigo de los acuerdos comerciales de la Sevilla del Siglo de Oro. Cuenta la historia que, en la antigua Lonja de Mercaderes (hoy Archivo de Indias), los comerciantes sellaban sus pactos con un apretón de manos bajo la cruz.
El juramento era sagrado: simbolizaba el compromiso entre las partes. Por eso, la cruz es un símbolo de la mentalidad y la actividad económica de la época. “Conservarla es preservar nuestra memoria colectiva”, ha señalado Juan De la Rosa, delegado de Urbanismo.
La actuación forma parte de un programa municipal que ya ha restaurado otros monumentos sevillanos, como la estatua de Luis Daoiz en la plaza de la Gavidia, el monumento a Velázquez en la plaza del Duque o la Inmaculada de la plaza del Triunfo.
El Ayuntamiento quiere seguir así, con una estrategia de conservación preventiva, para evitar que los monumentos lleguen a deteriorarse gravemente.
Ahora, sevillanos y turistas pueden volver a disfrutar de la riqueza cromática de esta obra, con sus tonos rojizos, rosáceos y vetas blancas. La cruz, además de ser un pedazo de historia, embellece un rincón único de la ciudad. Porque en Sevilla, el pasado siempre está presente.